De primeras puedes pensar: ¿quién y por qué querría ponerle pipetas de perro a un gato si las hay específicas para ellos?
Pero la realidad es que es algo que ocurre de manera frecuente por distintos motivos: por error, pues no es difícil confundirlas por forma y tamaño una vez sacadas de la caja. Porque necesitas urgentemente ponérsela y en ese momento solo tienes de perro. O, probablemente lo más frecuente, porque se piensa: «total, qué más da un perro pequeño que un gato, si pesan más o menos lo mismo».
Pero no, no es lo mismo un perro pequeño que un gato. El problema va mucho más allá de la cantidad y la concentración de producto (que es la diferencia entre una de perro pequeño y las de perros grandes), el problema es el principio activo.
Porque son especies distintas, y muchas pipetas para perros contienen principios activos que pueden resultar extremadamente peligrosos para los gatos, siendo el ejemplo más conocido la permetrina.
¿Por qué las pipetas de perro son tóxicas para los gatos?
Los antiparasitarios no funcionan igual en todas las especies. Un producto diseñado y autorizado para perros tiene una formulación, una dosis y unas condiciones de uso determinadas para esa especie, mientras que el gato no puede metabolizarlo correctamente.
Por eso, una pipeta que funciona perfectamente en un perro puede no ser segura, e incluso muy peligrosa, para un gato.
La gravedad depende de diferentes factores: el principio activo, la concentración, la cantidad aplicada, el peso del animal y el tiempo transcurrido desde la exposición, y los signos de intoxicación pueden aparecer relativamente rápido.

Síntomas de intoxicación por pipetas de perro en gatos
Los signos de intoxicación suelen incluir:
- Temblores musculares.
- Sacudidas o contracciones musculares.
- Inquietud o agitación.
- Hipersensibilidad al contacto o a los estímulos.
- Salivación excesiva.
- Alteraciones de la coordinación.
- Debilidad.
- Convulsiones.
- Aumento de la temperatura corporal.
- En los casos más graves, pérdida de consciencia y muerte.
No debes esperar a que aparezcan síntomas para actuar. Si accidentalmente se aplicó una pipeta para perro a un gato, ¡por poca cantidad que fuera!, hay que consultar cuanto antes con un veterinario.
Este valorará si se trata de un producto potencialmente tóxico y actuará en consecuencia.
Es más, la intoxicación a veces ocurre incluso sin aplicar la pipeta directamente al gato, cuando se administra al perro que convive con él y, mientras el producto todavía está húmedo, si el gato tiene contacto estrecho con él o lo lame durante el acicalamiento.
¿Qué hacer si aplicas una pipeta de perro a un gato?
Por eso puede estar indicado mantenerlos separados hasta que se absorba completamente el producto.
Si bien quizá no todas las pipetas tienen este efecto tóxico, teniendo en cuenta que muchas sí, ante la duda y la gravedad de las consecuencias la recomendación será siempre no utilizar nunca una pipeta de perro en un gato.
Seguiremos siempre las indicaciones correspondientes a la especie, peso y edad del animal.
Porque en los antiparasitarios el principio activo, la concentración y la especie importan tanto como la dosis.
Ante una aplicación accidental, no esperes a que aparezcan síntomas: consulta cuanto antes con tu veterinario y conserva el envase del producto. Esto permitirá identificar rápidamente el principio activo y valorar el riesgo real.


