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En primer lugar, si has adoptado a un perro de un refugio para animales, ¡enhorabuena! Especialmente si este es adulto. No solo le has dado una segunda oportunidad al animal, sino que has ganado la oportunidad de crear una relación de por vida con el nuevo miembro de tu familia.

Pero a veces las cosas no son sencillas. Muchos perros que fueron abandonados y encuentran un segundo hogar, están ya perfectamente adaptados a la vida en una casa, pero otros pueden necesitar un poco de ayuda, especialmente si han pasado una temporada larga en la perrera esperando a ser adoptados, o si nunca han recibido un entrenamiento básico de convivencia en una casa (por ejemplo, los perros que han vivido encadenados a una caseta en una granja o cuidando una casa de campo).

Adiestramiento positivo

Todos los perros aprenden mejor con recompensas que con castigos, y esto es especialmente importante cuando se trata de entrenar a un perro nuevo y más aún si es adoptado. A este tipo de entrenamiento, se le llama adiestramiento positivo. Los castigos no harán más que empeorar las cosas, y solo servirán para dañar tu relación con el perro. Si además el perro ha tenido una relación traumática con sus antiguos dueños, la situación puede ser aún peor.

Como regla general, los perros tienen que ir al baño después de despertarse, después de jugar, después de cualquier tipo de emoción (como por ejemplo, cuando los niños que regresan a casa del cole) y justo después de las comidas.

En estos momentos, lo mejor que puedes hacer es llevar a tu perro al mismo lugar y esperar fuera con él repitiendo suavemente una palabra o frase, como «Sé rápido,» ayuda a tu perro a recordar para qué está allí  y así, poco a poco conseguirás animarle a ir al baño cuando se vea en ese lugar y escuchando esas palabras. En otras palabras, aprenderá que es el momento y el lugar para hacer sus necesidades.

Por supuesto, para conseguirlo, tendrás que felicitarle y darle algún premio saludable para recompensarlo, al menos hasta convertirlo en un hábito.

Si después de estar un rato en el lugar, el perro no acaba de hacer sus necesidades, es mejor llevarlo de vuelta a casa y supervisarle. Si le ves olfatear y dar vueltas, es posible que tenga ganas. En ese momento, hay que decirle «fuera» sin gritar pero con voz firme, y llevarle fuera para enseñarle donde tiene que hacerlo.

Cuando suceda un accidente (y si no está acostumbrado, es muy posible que haya más de uno), nunca le riñas con un grito o un manotazo. Además de que con ese tipo de actitudes acabarías basando vuestra relación en el miedo, puede ser contraproducente: si adquiere la costumbre de no hacer sus necesidades contigo delante, se crearía un círculo vicioso de comportamiento.

Los perros son generalmente criaturas muy limpias, pero depende de nosotros el darles las oportunidades adecuadas para hacerlo bien.

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