Llevo toda mi vida laboral escuchando que los veterinarios somos caros.
Desde quien lo dice enfadado porque a las 3 de la mañana de un sábado pretendes cobrarle la consulta de urgencia, hasta quien lo dice educadamente: “Sí, los veterinarios son grandes profesionales que ayudan a nuestros queridos animalitos y aprecio mucho a la mía, pero…” (y siempre llega la coletilla) “tienes que reconocer que barato no es.”
Pero, ¿caro o barato comparado con qué?
Comparar la veterinaria con la sanidad pública: ¿es justo?
Aquí está el problema: si lo comparamos con nuestra sanidad pública, que creemos “gratuita” (aunque la pagamos entre todos cada mes), claro, los servicios veterinarios parecen carísimos.
Pero si lo comparamos con lo que debemos: la sanidad privada, sinceramente, no creo que haya tanta diferencia con cualquier otro especialista.
Jamás fui al dentista por menos de 50 o 60€. Una consulta ginecológica difícilmente baja de 100€. Cuando mi hija era un bebé, la llevé a un pediatra privado solo para una segunda opinión. Por poco más que pesarla y medirla, me cobró 50€, ¡y de eso hace ya 12 años!
¿Y el resto de profesionales sanitarios?
Hablando desde la experiencia, estoy segura de que el resto de especialidades sanitarias —dermatólogos, fisioterapeutas, o incluso la cada vez más común consulta psicológica— tampoco se quedan atrás en precios.
¿Entonces por qué siempre se critica al veterinario?

Desconocimiento del valor real de los servicios médicos
En mi opinión, esto ocurre porque la mayoría de la gente desconoce el coste real de los servicios médicos.
Estamos tan acostumbrados a que nos lo cubra la Seguridad Social que no sabemos lo que vale una analítica, una radiografía o una cirugía. Ni siquiera sabemos cuánto cuesta una consulta de urgencia.
Y, a diferencia del médico de urgencias que está de guardia toda la noche, la mayoría de los veterinarios (no todos) ofrecen este servicio como un plus, atendiendo urgencias desde su casa, fuera de su horario laboral, con la clínica cerrada.
El sacrificio detrás de una urgencia veterinaria
Muchos veterinarios están durmiendo o comiendo con su familia un domingo, y de pronto tienen que acudir a una urgencia.
Y lo hacen con dedicación y vocación, pero eso no los exime de abrir la clínica por la mañana como si nada.
“Que no ofrezcan urgencias entonces”, dicen algunos.
Pero se ofrecen pensando en ese cliente de toda la vida que podría tener un problema serio a medianoche. Ese es el motivo.
Lo difícil viene cuando aparece alguien a las 11 de la noche con un perro que lleva vomitando tres días, pero decide ir en ese momento porque “pasaba por allí” o “no tenía tiempo antes”.
Ese no es el propósito de una urgencia, y por eso hay que cobrar un precio diferente. Si no, el sistema se saturaría y los profesionales acabarían atendiendo por la noche casos que deberían haberse visto de día, al mismo precio.

¿Cuánto vale el tiempo y la formación de un veterinario?
El tiempo de una persona vale dinero, y más aún si ha invertido años en formarse.
Fuera del ámbito sanitario, por ejemplo, un abogado cobra bien cada consulta y nadie se ofende. Se asume que han estudiado mucho y que su precio es justo.
¿Por qué al veterinario, que estudió los mismos años, se le pone constantemente en duda?
¿Confiamos más en influencers que en profesionales?
Es habitual que la gente confíe más en un influencer “experto” de redes sociales que en su propio veterinario.
No imagino a nadie contradiciendo a su abogado diciendo que, según leyó en redes, eso no es así.
Pero al veterinario le pasa día sí, día también.
¿Vocación para trabajar gratis?
Otra frase común: “¿Vas a dejar así al pobre animal porque no puedo pagarlo? ¡Menuda vocación la tuya!”
Se supone que estudiamos esta carrera por amor a los animales, pero si pedimos que se nos pague, somos unos peseteros.
Estudiamos esta carrera para vivir de ella, como cualquier otro profesional, sanitario o no.
Y aunque sea duro decirlo, no podemos hacernos responsables de todos los animales cuyos dueños no pueden pagar los servicios.
Si lo hiciéramos, acabaríamos trabajando gratis… y nosotros seríamos los que no podríamos pagar nuestras facturas.
La responsabilidad es del propietario
La responsabilidad económica es del propietario, que decide incorporar un animal a su familia.
Por eso, es importante pensarlo bien antes de dar el paso. No se trata solo de comida y cuidados.
Se trata de entender que puede haber imprevistos, enfermedades, accidentes… y que los cuidados sanitarios cuestan dinero.
Las condiciones de vida cambian, sí, pero es el propietario quien debe buscar la manera de afrontar esos gastos.
No es justo trasladar la responsabilidad de nuestras decisiones o situación personal al veterinario, ni acusarlo de pesetero por querer cobrar su trabajo.
Porque, seamos sinceros: todo trabajador quiere cobrar por lo que hace, ¿no?
Quizás te interese: PresVet 2025: Nueva normativa para veterinarios


