Septiembre supone la vuelta a la rutina de las mascotas. Dejamos atrás los días más relajados de verano para volver a la rutina de trabajo, colegio y, en general, horarios más estrictos.
Perros y gatos también pueden notar todos estos cambios, sobre todo los perros, pues sus horarios y rutinas también varían durante el verano. Con la vuelta a la «vida real» son muchos los que ven reducido su tiempo al aire libre, paseos, horas que pasan acompañados e incluso alimentación.
Para hacérselo más llevadero y evitar que afecte a su salud, es importante tener en cuenta ciertos puntos.
Revisa el peso y la alimentación de tu mascota en septiembre
El verano puede alterar bastante los hábitos alimenticios de nuestros animales. Más premios, algún capricho durante las vacaciones, distintos cuidadores (algunos más permisivos que otros), cambios en los horarios de las comidas o variación de la actividad física, para más o para menos, pueden acabar reflejándose en la báscula.
Si ha ganado algunos kilos, podemos valorar con su veterinario si es necesaria una dieta Light o si será suficiente con racionar de manera más estricta su dieta habitual e incrementar la actividad física, de ser posible y necesario.
Lo mismo ante la pérdida de peso: tendríamos que valorar si se debe a una mayor actividad física o si, por el contrario, la dieta es inadecuada. Una pérdida de peso sin motivo aparente es siempre motivo de consulta. Una vez comprobado que todo está en orden, quizá se puede valorar incrementar la ración u optar por una dieta más calórica.
Cuida la piel, el pelo, las almohadillas y los parásitos
El verano deja huella en la piel y el pelo de algunos animales. El contacto frecuente con agua de mar, piscinas, arena o determinados productos puede favorecer la aparición de irritaciones, sequedad o pequeñas lesiones.
También el sol y el calor, concretamente este verano, que fue especialmente caluroso, hacen que no sean pocos los que acuden a la clínica aquejados de picor y rascado excesivo, en muchos casos causado por tener la piel extremadamente seca. Sería ideal reforzar su dieta con ácidos grasos, ya sea en el pienso o a mayores, por ejemplo en forma de aceites, o incluso una dieta específica de ser necesario.
Las almohadillas también pueden sufrir después de caminar sobre superficies muy calientes o realizar más ejercicio del habitual. Al volver a la rutina podemos aprovechar para observarlas con detenimiento y comprobar que no existen grietas, heridas o zonas especialmente sensibles.
La llegada de septiembre no implica en absoluto bajar la guardia. Con la llegada de temperaturas algo más suaves podemos caer en el error de pensar que ya no es necesario mantener la prevención frente a parásitos y, por ello, son extremadamente frecuentes las infestaciones por pulgas y garrapatas, que siguen muy activas con las temperaturas suaves de los últimos otoños.
Debemos, por tanto, seguir manteniendo las desparasitaciones al día.

Cómo ayudar en la vuelta a la rutina de las mascotas
Durante las vacaciones, muchas mascotas disfrutan de una mayor presencia de sus familias. Puede que coman más tarde, salgan a pasear a horas diferentes o pasen muchas más horas acompañadas y/o al aire libre.
Cuando llega septiembre, todo cambia de nuevo.
En perros que están acostumbrados a pasar gran parte del día acompañados, el regreso de sus propietarios al trabajo y de los niños al colegio puede suponer un cambio especialmente evidente.
Y esto puede manifestarse en forma de:
- Ansiedad por separación: comportamiento destructivo cuando se queda solo (sobre todo rascar puertas y superficies), intento de huida, hacer sus necesidades en casa cuando lo controlaba perfectamente, ladrar excesivamente, aullidos y lloros e incluso vómitos, diarrea o autolesiones.
- Hiperactividad: la reducción repentina de la rutina de paseos largos, playa, monte, piscina y, en general, ejercicio puede pasar factura, provocando un exceso de energía sin gastar e hiperactividad.
- Pérdida de apetito.
Por eso, recuperar progresivamente los horarios habituales puede facilitar la transición, comenzando el cambio poco a poco en los días o semanas previos. Para ello, podemos ir reduciendo el tiempo de salidas y paseos para que se vayan pareciendo más a la rutina laboral habitual.
Lo mismo con tu presencia: si los días previos a cambiar la rutina sigues estando con él 24 horas, el día que vayas a trabajar será un cambio muy brusco. Es muy útil ir introduciendo el cambio dejándolo solo de vez en cuando, por poco tiempo, e ir aumentando la duración de estos momentos a solas paulatinamente.
Déjalo solo primero diez minutos, luego media hora, después una hora y aumenta la duración de estas salidas sin él poco a poco. Si no haces este proceso y de golpe te vas 8 horas, es mucho más probable que aparezcan los síntomas de ansiedad por separación y estrés.
Observa los cambios de comportamiento de tu perro o gato
Más allá del peso, la alimentación o los horarios, conocemos mejor que nadie el comportamiento habitual de nuestro perro o gato. Por eso, cualquier cambio mantenido en su forma de comportarse merece nuestra atención.
Un animal que duerme mucho más, deja de jugar, se muestra más irritable, busca constantemente nuestra atención, se esconde, cambia sus hábitos de eliminación o deja de hacer cosas que antes disfrutaba puede estar intentando decirnos que algo ha cambiado.
No todo comportamiento diferente significa que exista una enfermedad, pero tampoco deberíamos asumir que se trata simplemente de «la vuelta a la rutina».


