Ya es casi Navidad y, sin quererlo, todos nos vemos envueltos en la vorágine de compras de regalos para nuestros seres queridos. En ocasiones el regalar un peludo, sobre todo si hay niños de por medio, se presenta como una opción jugosa y «un acierto asegurado».

Pero ni que decir tiene que un animal, tanto sea perro o gato como conejo, tortuga, pez o hámster, es un SER VIVO y en ningún caso debería ponerse en el lugar de algo material. Parece algo muy obvio, pero si sorprendemos con un perro/gato bajo el árbol, lo mismo que haríamos con una muñeca, jersey o bicicleta, estamos cosificando a este ser vivo y restándole a su vida la importancia que tiene.

Son muchas las cosas que hay que valorar a la hora de tomar esta decisión. Podemos dejarnos llevar por la emoción y sólo pensar en la ilusión con la que será recibido olvidándonos de que:

Un animal no es una responsabilidad grande, sino enorme.

Por muy responsable que sea el niño al que pensamos regalárselo, es una responsabilidad excesiva. Eso de «Es su perro, debe hacerse cargo» está muy bien a la hora de darle responsabilidades y que aprenda a cumplirlas, pero debes garantizar el bienestar de ese peludo y tener en cuenta que será uno más en la familia a quién cuidar y mantener. Independientemente de que un niño pueda ayudar a la hora de, por ejemplo, darle de comer o sacarlo a pasear, será también una carga económica grande. Piensa que este peludo dependerá de ti para todo, así que trátalo como merece.

Lo más probable es que viva entre 10 y 15 años.

A veces esto es más de lo que ese niño al que se lo regalamos va a vivir con nosotros. Durante todos estos años debes garantizar su bienestar. Esto implica:

  • Tiempo: emplear gran parte de tu tiempo ya no sólo en juegos y paseos diarios que cumplan con sus necesidades físicas y sociales, llueva, nieve o haya una ola de calor sino también en tu casa. El trabajo en el hogar se ve incrementando pues tendrás que emplear tiempo en educarlo, limpiar lo que manche, pelos, pises o cacas fuera de lugar, patitas mojadas o sucias…
  • Dinero: alimentarlo correctamente con una dieta sana y equilibrada supone un gasto, como es lógico. Y no debemos olvidar las visitas regulares al veterinario, tanto para revisiones, vacunas y desparasitaciones, como todas aquellas urgencias que puedan surgir que muchas veces suponen un gran gasto  en pruebas y medicación.

Formará parte de tu vida durante toda su vida.

Muchos de los peludos regalados en Navidad acaban abandonadas al llegar el verano. Aquel animalito que parecía tan mono bajo el árbol se convierte en un estorbo cuando queremos ir de vacaciones y «no lo admiten» (o no nos apetece llevarlo) en ningún hotel. Como parte de tu familia deberás tenerlo en cuenta en todas las decisiones y considerar sus necesidades cuando surjan eventos, vacaciones o los clásicos imprevistos, que son las excusas más frecuentes para el abandono; mucho trabajo, nuevos miembros en la familia, destroza todo, mudanzas, demasiado tiempo sólo en casa…

Lo aceptas tal y como es.

No es un juguete que puedas (o debas) cambiar si no funciona correctamente. Debes asumir que igual crece más de lo que esperabas, es nervioso, juguetón, muerde cosas, saluda de manera efusiva, ladra a deshora… Los animales no vienen con garantía de devolución, pues como seres racionales que se supone somos, no debemos olvidar que es un ser vivo con todas sus posibles variables, y que si decidimos incorporarlo a nuestra familia será con todos sus pros y contras.

Desde luego, creemos que no hace falta recalcar el sinfín de ventajas que aportan todos estos peludos para nuestra felicidad y bienestar. Y si, muchas veces es el mejor regalo de nuestras vidas y pasan junto a nosotros muchos maravillosos años. Pero muchas otras veces, el «regalo» no tiene final feliz, y acaba viviendo triste, frío y sólo en un canil. Que su aspecto físico diste de lo esperado, su comportamiento no sea idílico, nuestra vida cambie o caiga enfermo es algo que puede pasar. Si vamos a poner un animal «bajo el árbol» debemos preguntarnos si estamos realmente preparados para incluirlo en nuestra familia como uno más y afrontar con él todo lo que pueda venir.

Si aún así, decides incorporar un peludo en tu vida esta Navidad, hay varias consideraciones que puedes tener en cuenta, que hagan que, además de un precioso regalo sea una buena acción que salve una vida.

Por una parte, no tiene por qué ser un cachorro. Sí, es tentador sorprender con un cachorrito precioso al que criar. Pero parémonos un momento a pensar en todas las ventajas de adoptar un animal adulto o, incluso, anciano.

  • Los cachorros requieren un proceso de educación y aprendizaje. Son nerviosos, juguetones, ruidosos y hacen sus necesidades por todas partes. Un perro adulto normalmente es más tranquilo. Saben controlar sus esfínteres y hacer sus necesidades en el exterior. Son más fáciles de adaptar al hogar y entender las costumbres de la casa. Normalmente ya no muerden ni destrozan todo lo que está a su alcance.

  • Evitas sorpresas en cuanto a su tamaño/complexión adulta. Cuántas veces se adopta o incluso compra un cachorro pensando que tendrá un tamaño y aspecto determinado y resulta ser completamente diferente a lo esperado.

  • Lo mismo en cuanto al carácter. Es imposible saber como será su carácter, si será cariñoso o arisco, muy activo o más bien pachorrón, si le gustarán los niños o si puede convivir con gatos. Normalmente si adoptas un perro adulto puedes saber todo eso pues en el lugar donde vivía hasta el momento, sea perrera o casa de acogida, podrán informarte sobre su carácter y forma de ser, lo que te permitirá saber si puede adaptarse a tu estilo de vida.

  • Los perros ancianos son los más agradecidos que hay. Vienen generalmente de vidas duras y están a menudo resignados a vivir así el resto de sus vidas. Por eso cuando se les ofrece un hogar son todo bondad y agradecimiento. Además de muy tranquilos y serenos. Al contrario que un cachorro lleno de vitalidad y alto nivel de energía, un perro anciano querrá poco más que paz y descanso.

Asegúrate de que tu hijo/a o tú mismo/a no tenéis alergia a este peludo. Parece obvio pero es una de las razones (excusas) más frecuentes de devolución de perros y gatos después de la Navidad. «No lo sabía pero resulta que mi hijo es alérgico y no pueden convivir«. Dejar esta duda al azar es jugar con la vida del animal.

Por último pero no menos importante, desde luego esta decisión debería ser siempre muy meditada, hay demasiados factores a tener en cuenta y una vida en juego. Ten en cuenta que existen numeroras protectoras y refugios en las que hay peludos súper agradecidos que llevan mucho tiempo esperando encontrar una familia que les quiera y cuide. Pero con esto, debes saber que cada vez hay protectoras que no dan animales en adopción en esta época. Y es muy respetable, pues están cansados de convivir con casos de animales adoptados a prisas por cumplir con las fechas navideñas que son devueltos poco después con cualquier excusa que demuestra que la decisión fue fruto del impulso.

Con este post desde luego no pretendemos evitar que incorpores a un nuevo miembro peludo a tu familia ya que si lo haces de forma responsable ¡no nos podemos alegrar más por vosotros! Con esto pretendemos que pienses muy bien lo que supone hacerlo y que reflexiones y actúes con conciencia siempre pensando en que si decides comprometerte, es de verdad y para toda su vida. 

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