Esta afirmación no se basa solamente en la opinión de mil y un clientes que aseguran que su mascota les ayudó a remontar en épocas complicadas, sino que numerosos estudios muestran que efectivamente convivir con un perro mejora la salud mental por múltiples mecanismos biológicos, psicológicos y sociales.
No es solo lo más evidente: tener perro te obliga a salir, a pasear y a relacionarte, aun cuando no tienes ganas. Va mucho más allá.
Tener perro mejora la salud mental y reduce el estrés
Su misma presencia, su compañía y afecto disminuyen el estrés. Reduce la producción de cortisol (hormona del estrés) y aumenta oxitocina, serotonina y dopamina, sustancias asociadas con bienestar, calma y apego emocional.
Esa presencia constante y contacto físico disminuye los síntomas de ansiedad y depresión, reduciendo pensamientos negativos, sensación de vacío y aislamiento emocional.
Genera sensación de compañía y apego, activa áreas cerebrales relacionadas con el afecto y la seguridad emocional, similares a las relaciones humanas cercanas.
Acariciar un perro puede disminuir la frecuencia cardíaca y la presión arterial, produciendo un efecto calmante casi inmediato.
Y además de todo lo que nos aportan en cuanto a amor, compañía y apego, su presencia es clave a la hora de ayudarnos a organizar nuestra vida.

Los perros ayudan a crear rutinas saludables
Nos fuerza a tener rutinas, lo cual es muy importante para la salud mental. Es habitual que la persona deprimida viva sin horario ni objetivo, durmiendo a deshora y descuidando comidas. Pero cuando una mascota depende de nosotros, debemos preocuparnos por su bienestar.
Los perros necesitan horarios más o menos estables para comer, salir y dormir, lo cual obliga al tutor a tener una estructura diaria organizada, que ayuda a estabilizar el estado de ánimo y mejorar hábitos.
Pasear al perro mejora el estado de ánimo

Y quizá lo más importante, incrementa la actividad física. El perro nos obliga a salir. Y esto siempre será positivo para la salud y el estado de ánimo. Los paseos pueden ser más o menos frecuentes, largos o cortos, pero que hay que salir es un hecho.
Y normalmente lo importante es salir, dejar la cama o el sofá, levantarse y salir a la calle. Da igual si llueve, nieva o hace frío, el aire libre siempre es beneficioso y el caminar y hacer ejercicio ayuda a reducir la ansiedad, libera endorfinas, mejora el sueño y en general, disminuye síntomas depresivos.
El estado de ánimo de una persona será muchísimo mejor tras el paseo o durante este que antes. Y afortunadamente el perro nos obligará a repetirlo varias veces al día.
Después de respirar aire puro y hacer un poco de ejercicio, el tutor vuelve a casa con una psique renovada.
Y no solo eso, además de sacarnos a la calle y “obligarnos” a hacer ejercicio, favorecen la socialización.
Es prácticamente inevitable, por pocas ganas que tengamos de relacionarnos. Los perros nos empujan casi irremediablemente a conversaciones e interacciones con otras personas en parques, calles o actividades grupales. Esto combate el aislamiento social.
Beneficios de tener perro en niños, mayores y casos específicos
Es especialmente beneficioso para:
- Niños: reduce el estrés y la ansiedad. Aumenta su autoestima, les proporcionan apoyo emocional, especialmente en momentos difíciles o de tristeza, les enseña a regular sus emociones e incluso favorece su sistema inmunológico.
- Personas mayores: ayudan a disminuir soledad y mantener actividad física y cognitiva.
- En casos de trastornos psicológicos específicos como puede ser trastorno de estrés postraumático, autismo o ataques de pánico.
Y por último, aumenta el sentido de propósito. A veces en momentos malos, se puede sentir la falta de propósito vital, desorden, carencia de objetivos.
Cuidar de otro ser vivo nos aporta uno, el más importante. Y por ello el perro mejora la salud mental, fortaleciendo la autoestima, responsabilidad y motivación diaria.
Si bien el perro puede parecer la “medicina” perfecta para nuestra mente, no debemos olvidar que es un ser vivo sintiente y que también tiene sus propias necesidades. Además de valorar los beneficios que puede aportar a nuestra vida, que sí, son muchos, también hay unas obligaciones y debemos tener en cuenta el tiempo y cuidados que requiere, el gasto que supone y que es un compromiso para muchos años, independientemente de los devenires de nuestra vida.
No debemos enfocarlo como un parche, sino como un miembro más de la familia, que nos dará muchísimo, pero nosotros debemos también darle a él todo cuanto necesite durante toda su vida.


