Recuerdo una tarde de tormenta de verano, tendría unos 10 años. Estaba de suerte, aquel día había encontrado una camada de gatitos. Acariciando a uno de ellos veía llover, sentada en una silla en un cobertizo de sólo tres paredes en la finca familiar.
De esos que se utilizan para guardar patatas y demás productos de la huerta y material de trabajo agrícola. Recuerdo el olor de la tierra caliente al mojarse y el ronroneo de aquel diminuto gato en mi regazo, y pensar que podría pasarme así la vida entera.
Abandono y maltrato animal: recuerdos que no se olvidan

Recuerdo la primera vez que me metí en un contenedor a sacar un gatito, arrojado allí cual basura. Era todo negro y contaría con un mes de vida. Y trillones de garrapatas enganchadas a su pequeño cuerpecito.
Recuerdo aquella caja de cachorros recién nacidos que nos dejaron en la clínica y tantas horas de sueño nos quitaron. Y aquella otra de gatitos, con el cordón umbilical aún colgando.
Recuerdo la primera vez que vi (esto se repetiría muchas otras veces) en el borde de un río una bolsa llena de cachorros ahogados.
Y cuando nos llamó la policía para recoger un perro abandonado con una herida indescriptible en el cuello, un agujero que le llegaba casi hasta el hueso, atravesando completamente la musculatura, y al fondo, en ese amasijo de herida, un diminuto collar enterrado.
Le habían puesto el collar siendo un cachorro, imagino que lo ataron en algún sitio, y jamás se lo volvieron a cambiar ni ajustar. Su enorme cuerpo (pesaría unos 40 kg.) había crecido de la manera que pudo ALREDEDOR de aquel collar, y aparecía completamente deformado y moribundo pues no permitía crecer a su musculatura y demás tejidos y estaba comprometiendo su alimentación y respiración.
Recuerdo aquel perro al que hicimos una radiografía para descubrir que estaba lleno de balines. Y su dueño dijo, sin darle mayor importancia, que sí, que no le caían muy bien a sus vecinos y probablemente lo pagaba el perro. Que lo dejáramos así.
Y aquella gata embarazadísima que no era capaz de parir, su dueño dijo que no iba de ninguna manera a pagar una cesárea por una gata que poco le importaba si vivía o no y unos cachorros a los que no quería. Y que pobres de nosotras que se nos ocurriera abrirla, que quería llevarla “entera” para enterrarla en su finca.
Recuerdo durante mis prácticas al final de la carrera en un zoo, un armadillo que lo único que hacía durante todo el día era correr formando un 8, siempre en la misma dirección, lo tenía perfectamente marcado en el suelo. Una estereotipia generada por el estrés, el aburrimiento y la falta de enriquecimiento ambiental. Por la cautividad, vaya.
Recuerdo la mirada de aquella gorila, en otro zoo diferente, mientras amamantaba a su cría, uno de los momentos más íntimos y especiales que puede haber en el mundo, asaltado por un montón de miradas y golpes en el cristal que la mantenía cautiva, convirtiendo un precioso momento madre-cría en un espectáculo para mirones, cuyo pensamiento no alcanza a pensar todo lo que implica ese vínculo de apego y confianza, que estamos entorpeciendo con nuestros gritos y cámaras.
La vocación veterinaria frente a la crueldad humana
Los seres humanos somos sin duda la peor especie del planeta, pues provocamos sufrimiento únicamente por ocio y diversión, o desechamos animales a su suerte como si fueran simple basura.
Muchos creen que esta nuestra profesión veterinaria es algo precioso, trabajar con animales, ayudarles, aliviar su sufrimiento. Pero si bien es cierto que tiene una parte maravillosa y hay días en los que vuelves a casa sintiéndote plena y realizada, otros (me atrevería a decir que la mayoría) llegas apabullada por tanta maldad.
Hay días que pareces no conseguir nada cuando después de emitir un diagnóstico de posible alergia alimentaria y sugerir hacer pruebas para saber qué ingredientes causan el problema te dicen que no, que son demasiado caras. No pasa nada, podemos empezar con una dieta hipoalergénica general, a ver si mejora, pero tampoco, demasiado cara. Seguirá con su dieta habitual de gama baja, vómitos, diarreas, picores y heridas.

Alergia alimentaria: cuando las pruebas marcan el camino
En cambio, hay mañanas como la de hoy en que varios clientes Lenda te envían las pruebas de alergia de sus mascotas por lo que sabemos exactamente qué tenemos que buscar. El primero tiene alergia a la Ternera, Cordero, Patata y Leche, además de digestiones complicadas. Nuestro Gastro&Atopic se ajusta a la perfección, además de no incluir ninguno de los ingredientes problemáticos, es especialmente digestible y nutritivo.
Segunda consulta, también con pruebas de alergia hechas ¡qué maravilla!. Esta vez Arroz, soja, cordero y trigo son el problema. En este caso no hace falta ni meterse en la línea Veterinaria, pues nuestro Lenda Sensitive, a base patata y pescado blanco, evita todos estos ingredientes incluyendo otros de fácil digestión y bajo potencial alergénico.
Dos casos que, siguiendo las indicaciones de su veterinario, ante una sintomatología de alergia hicieron pruebas y por tanto saben qué ingredientes evitar, pudiendo así buscar la dieta ideal lo cual mejorará su sintomatología y sin duda su calidad de vida.


