Suele asociarse el golpe de calor a los perros, pero también pueden darse un golpe de calor en gatos, aunque es cierto que es menos frecuente.
¿Por qué el golpe de calor en gatos es menos frecuente?
Probablemente porque suelen ser más prudentes cuando hace mucho calor: buscan lugares frescos, reducen su actividad y descansan durante las horas más calurosas del día.
Además, suelen ser más independientes; muchos de los golpes de calor en perros ocurren porque tratamos de acoplarlos a nuestro estilo de vida, por lo que acaban pasando tiempo en coches caldeados o en playas excesivamente soleadas. Cosa poco probable en gatos, pues solemos dejarlos tranquilos en casa en lugar de llevarlos con nosotros a pasar el día a la playa.
Sin embargo, cuando las temperaturas son extremas o no disponen de un ambiente adecuado para refrescarse, pueden desarrollar un golpe de calor, una situación que constituye una auténtica urgencia veterinaria.
Los gatos regulan su temperatura corporal de forma diferente a las personas. Al igual que los perros, apenas sudan, ya que solo tienen glándulas sudoríparas en las almohadillas de las patas, y eliminan el exceso de calor principalmente mediante el jadeo (aunque en ellos es mucho menos habitual que en los perros), el acicalamiento y buscando superficies frescas donde tumbarse.
Cuando estos mecanismos no son suficientes, la temperatura corporal aumenta rápidamente y comienza a afectar a órganos vitales como el cerebro, el corazón, los riñones o el hígado.
¿Qué gatos tienen mayor riesgo de golpe de calor?
Algunos felinos son especialmente vulnerables al calor:
- Gatos de edad avanzada.
- Gatos con obesidad.
- Gatos de pelo muy largo o muy denso, especialmente si presentan nudos o un manto mal mantenido que dificulta la ventilación de la piel.
- Gatitos.
- Razas de cara plana, como el Persa, que tienen más dificultades para disipar el calor.
- Gatos con enfermedades cardíacas o respiratorias.
- Gatos con enfermedades renales o endocrinas. Algunas patologías crónicas favorecen la deshidratación y dificultan la termorregulación.
Aunque un gato no salga al exterior, también puede sufrir un golpe de calor si permanece en una casa excesivamente caliente, una galería acristalada, una terraza cerrada o una habitación sin ventilación.
Síntomas de un golpe de calor en gatos
Los primeros signos pueden pasar desapercibidos, por lo que conviene prestar atención a cualquier cambio de comportamiento durante los días de altas temperaturas.
Entre los síntomas más frecuentes encontramos:
- Jadeo o respiración acelerada.
- Debilidad intensa o apatía.
- Salivación excesiva.
- Encías muy rojas o, en casos graves, pálidas.
- Temperatura corporal elevada.
- Desorientación.
- Vómitos o diarrea.
- Tambaleo o dificultad para caminar.
- Temblores o convulsiones.
- Pérdida de conocimiento en los casos más graves.
Si observas alguno de estos signos, no esperes a que mejoren por sí solos; actúa.

¿Qué hacer si sospechas un golpe de calor en gatos?
Lo primero es trasladar al gato a un lugar fresco, tranquilo y bien ventilado.
Puedes humedecer ligeramente su cuerpo con agua fresca (nunca helada), especialmente las patas, abdomen e ingles, y ofrecerle agua si está consciente y quiere beber por iniciativa propia.
No debes obligarlo a beber ni sumergirlo en agua muy fría, ya que un enfriamiento brusco puede empeorar la situación.
Aunque parezca recuperarse, es imprescindible acudir cuanto antes al veterinario. Un golpe de calor puede provocar daños internos que no siempre son visibles en un primer momento y requieren valoración y tratamiento profesional.
¿Cómo prevenir un golpe de calor en gatos?
Dada la gravedad del caso y sus posibles consecuencias, la clave será trabajar en la prevención:
- Mantén siempre agua limpia y fresca disponible.
- Favorece zonas sombreadas y bien ventiladas.
- Baja persianas durante las horas de sol.
- Utiliza ventiladores o aire acondicionado cuando sea posible.
- Coloca alfombrillas refrescantes o superficies frescas donde pueda descansar.
- Evita transportarlo durante las horas centrales del día si no es imprescindible.
- Nunca lo dejes dentro de un vehículo, aunque sea durante pocos minutos.
Los gatos suelen ocultar muy bien los signos de enfermedad, por lo que detectar un golpe de calor a tiempo puede no ser fácil, pero marcará la diferencia.
Si notas que tu gato está más apagado de lo habitual, jadea o presenta cualquier síntoma compatible con un sobrecalentamiento, acude inmediatamente a tu clínica veterinaria. Actuar con rapidez puede salvarle la vida.


