Que una gata castrada siga teniendo celo no es desde luego algo habitual, pero sí, a veces pasa.
Tienen que darse unas circunstancias muy concretas, pero puede ocurrir que una gata castrada, o incluso una perra, siga teniendo síntomas de celo, e incluso un celo real con actividad hormonal.
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Gata castrada en celo por problema quirúrgico en la castración
Es posible que, por un problema quirúrgico, tanto en perras como en gatas, durante la cirugía un trozo de ovario quede dentro durante la cirugía de castración. Puede ocurrir más frecuentemente en animales obesos, pues la grasa dificulta la visión, o en aquellas en las que, por su profundidad, el acceso al ovario está más complicado de lo habitual.
Podría también permanecer un ovario entero, pero esto no es muy probable pues el objetivo del cirujano durante la cirugía es retirar DOS ovarios, siendo del todo improbable que se le olvide uno.

Gata castrada en celo por tejido ovárico residual
Pero sí es fácil que un pequeño trozo de uno quede sin retirar, pues aún habiendo sacado el ovario, visiblemente entero, puede haberse desprendido una parte de tejido (la corteza ovárica) que puede pasar más fácilmente desapercibida.
El problema es que este trocito, que no es más que tejido, es funcional, es decir, presenta actividad hormonal, produciendo progesterona y estrógenos, dando lugar a los síntomas de celo no sólo en cuanto a comportamiento, sino también a cambios corporales, visibles en vulva y en las mamas.
Tratamiento recomendado para la gata castrada si experimenta el celo tras la castración
Si tras la realización del examen y las pruebas se confirma efectivamente la presencia de este trozo de ovario remanente, sin duda la recomendación sería retirar este tejido, que además suele estar adherido a otras vísceras o a grasa, en una nueva intervención quirúrgica.
Si bien la perra o gata NO va a quedar gestante, pues al haber sido castrada NO tiene útero, es importante retirarlo ya que esta actividad hormonal puede incrementar el riesgo de, entre otras cosas, tumores de mamá o infecciones.
Por qué tu gata castrada en celo no es culpa del veterinario
Ante una circunstancia de este tipo carece de sentido culpar al veterinario que haya realizado la castración, pues es algo que nada tiene que ver con su buen hacer como cirujano y no debemos poner en duda su profesionalidad.
Es algo que ocurre con cierta frecuencia y, por mucho cuidado que se ponga en el procedimiento, este tejido puede pasar completamente desapercibido y dar por buena la cirugía. Será la sintomatología detectada por el propietario lo que nos lleve a sospechar del problema y a la realización de la segunda intervención de ser el caso.
Como todas las cirugías, la castración tiene sus posibles complicaciones, que aún no siendo habituales, pueden aparecer en algunos casos, pero este no es un motivo para dejar de recomendarla, por las ventajas que tiene tanto para el control de población como para la prevención de patologías graves y frecuentes como pueden ser los tumores de mama.


