¿Por qué ahora es tan complicado tratar con antibiótico a las mascotas?

Antibiótico

El último año, se generó bastante revuelo a raíz de la implantación de Presvet y la restricción en el uso de antibióticos. Si bien la restricción es necesaria, en eso todos estamos de acuerdo, quizá las medidas implantadas no sean las más adecuadas, y cabe una reflexión para buscar la manera más sensata de limitar el uso de antibióticos: emplearlos sólo cuando sea estrictamente necesario, escoger el antibiótico adecuado y seguir la pauta correcta, pero sin descuidar por ello la salud del paciente y respetando el criterio del veterinario clínico.

Debates a parte, el problema de las resistencias microbianas es una realidad que todos debemos conocer para comprender la necesidad de tomar medidas.

Qué son las bacterias multirresistentes y por qué son un problema

Las bacterias multirresistentes son aquellas que no “mueren” aún tratándolas con diferentes antibióticos. Es evidentemente un problema de salud pública y si no se ataja será el principal problema sanitario en unos años. 

Usando antibióticos inadecuados, innecesarios de manera demasiado frecuente o con la pauta inadecuada (tratamientos demasiados cortos o saltándose tomas) estamos, nosotros mismos, creando esas súper bacterias. Se acostumbran a esos antibióticos y después, cuando realmente los necesitamos, ya no hacen efecto.

Uso de antibióticos en animales de abasto y control sanitario

Todo el mundo comprende la necesidad de limitar su uso veterinario en animales de abasto, ya sea para consumo directo de la carne, como pollos o cerdos, como por consumo de sus productos como la leche. Es evidente que si se tratan estos animales de manera incorrecta o no se respeta el tiempo de espera (días que pasan desde que finaliza el tratamiento hasta que es apto para el consumo por haberse metabolizado completamente), llevaremos a la cadena alimenticia humana el antibiótico en los productos animales, consumiéndolo de manera inconsciente y fomentando la resistencia.

Pero este punto, por su evidente importancia, está muy controlado ya desde hace tiempo, con estrictos registros y controles de lo administrado; tratamiento, fecha y su tiempo de espera antes de consumir sus productos.

Clasificación de los antibióticos según su uso en veterinaria

Existen 4 grupos de antibióticos, A, B, C y D.

A: No se pueden usar en veterinaria, están reservados para humanos. Se guardan como oro en paño por si acabamos ingresados con una bacteria resistente poder disponer de estos antibióticos “nuevos” para la bacteria, ante los que no debería tener resistencias.

B. Están muy restringidos, sólo se podrían usar en casos muy puntuales cuando haya riesgo para la salud humana.

C. Usar con cautela. Cuando se usó el grupo D y no hizo efecto o ante los resultados de un antibiograma.

D. Serían los de primera elección.

Antibiótico

Antibióticos en mascotas: por qué también es un problema

Lo que parece muy claro en animales de consumo, no lo está tanto para mascotas, ¿a qué viene tanta restricción con sus antibióticos si no nos las vamos a comer? Pregunta la gente en grupos, consulta y redes sociales.

Es una buena pregunta, qué duda cabe. Entiendo que cueste comprender que no sea posible dar un antibiótico para, por ejemplo una otitis, sin más como se hacía hace nada y sea necesario probar primero con uno del grupo D. O, si es necesario, hacer un cultivo para saber a qué tipo de bacteria nos enfrentamos exactamente y así tratarla de manera específica, y no dar tratamientos a lo loco, de los más “potentes” y más amplio espectro, porque “entonces malo será que no funcione”.

¿Por qué?

Porque convivimos con ese perro/gato, en contacto muy íntimo. A base de tratarlos de manera indiscriminada con antibióticos de grupos superiores podemos estar seleccionando bacterias resistentes. Al efecto del antibiótico, mueren primero las bacterias más sensibles, las más débiles; acabamos con ellas. Pero hay algunas, más o menos cantidad, que aguantan, resisten. Y esas serán las que se reproduzcan, una vez terminado el antibiótico o reducida la dosis, siendo cada vez más y más resistentes.

Importancia de seguir correctamente la pauta antibiótica

Pongamos por ejemplo que tratamos un gato frente a una infección X.  Teníamos que dar el antibiótico cada 8 horas 8 días. Va bien. El animal mejora, nos confiamos. Vamos matando las más débiles y la carga bacteriana se está reduciendo, por eso mejora.  Pero al tercer día nos saltamos una toma, “bueno”, pensamos, “no pasa nada que ya estaba mejor”. Pero las bacterias que quedaban, ante la falta de dosis, se hacen más fuertes y se reproducen, “se vienen arriba”.

Aunque tomamos las dosis siguientes ya no hace tanto efecto porque esas bacterias son resistentes. Por no hablar de que deje de tomar el antibiótico a los 6 o 7  días en lugar de seguir hasta los 8 como se pautó. Las poquitas bacterias que quedaban ante un tratamiento que estaba funcionando, y que tendrían que sucumbir en pocas horas permanecen, ya sin ataque, y si se empiezan a reproducir dando lugar a una población resistente a la que es posible que este antibiótico en el futuro ya no elimine.

Y después esta bacteria puede llegar a nosotros por vía indirecta o directa al acariciarlos y en general al contactar con ellos.

Salud pública, criterio veterinario y responsabilidad del tutor

Creo que muchas veces no se es consciente del riesgo hasta que se tiene a un ser querido en el hospital, con una bacteria resistente, que está siendo tratada con todo tipo de antibióticos sin éxito. 

Es por eso que ya no se da, o no se debe dar, un antibiótico así como así. Se prueba primero con los de grupos inferiores, como el D, aunque el tutor tache de pesetero al veterinario porque le da uno que no va a funcionar, sabiendo que el otro, “el de siempre” va genial y es efectivo.

Pero es que no puede, tiene que dejar registrado en Presvet ese uso: el tratamiento, la dosificación y justificar su uso. Sólo se podría usar uno del siguiente grupo si este no funciona o si un antibiograma demuestra que es necesario, de esta manera si, sabiendo a qué bacteria exactamente nos enfrentamos. 

Por eso es importante no olvidar que el veterinario lo hace no sólo por cumplir la normativa, si no por el bien de la mascota, y sobre todo por la salud pública.

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Iria Bellas

Consultora veterinaria de Lenda. Licenciada en Veterinaria y Colegiada.

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